viernes, 25 de noviembre de 2011

El peso muy bajo, asociado al Alzheimer

En varios estudios se había encontrado ya anteriormente una asociación entre las alteraciones del peso corporal, tanto por exceso como por defecto, y el riesgo de deterioro cognitivo y demencia, incluyendo a la enfermedad de Alzheimer.

Un estudio recién publicado en la revista Neurology ha encontrado una especial relación entre el peso muy bajo (inferior a 25 kg/m2) y la enfermedad de Alzheimer en particular, comprobando mediante técnicas de imagen la carga de lesiones propias de esta enfermedad en los cerebros de todos los sujetos participantes.

Mediante esas técnicas de imagen (captación del Complejo B de Pittsburgh), los autores han comprobado que hay una mayor carga de placas de amiloide y ovillos neurofibrilares (las lesiones microscópicas cerebrales típicas del Alzheimer) en personas con bajo peso, tanto en aquellas cognitivamente normales como en las que sufren deterioro cognitivo leve, lo cual apoya hallazgos previos sobre cambios sistémicos en las fases más precoces de la enfermedad.

En cambio, el deterioro cognitivo leve en las personas con exceso de peso parece deberse más probablemente a un origen fisiopatológico heterogéneo, de acuerdo con los resultados de este estudio.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Frecuente uso de medicamentos antagónicos con los del Alzheimer

Un estudio publicado en la revista Journal of the American Geriatrics Society ha encontrado que es más frecuente de lo que se pensaba el uso simultáneo de medicamentos para el Alzheimer y otros que tienden a reducir sus efectos terapéuticos.

En el estudio se investigaron las prescripciones hechas a más de 5.600 sujetos que habían iniciado tratamiento para el Alzheimer con anticolinesterásicos (tacrina, donepecilo, rivastigmina o galantamina) entre los años 2000 y 2007.

Se vio que el 37% de estos pacientes estaban tomando al mismo tiempo medicamentos anticolinérgicos -antagonistas de los anticolinesterásicos-. Un 23% estaban tomando ya los anticolinérgicos cuando se inició en ellos el tratamiento para el Alzheimer, y un 25% los siguió tomando simultáneamente durante 12 meses o más.

Los medicamentos anticolinérgicos tienen en general efectos negativos sobre la cognición en pacientes ancianos, y en mayor medida si estos padecen demencia, aumentando el riesgo de empeoramiento cognitivo y de cuadros confusionales agudos. Pueden haber sido prescritos por trastornos gastrointestinales, alérgicos, incontinencia urinaria, depresión y enfermedad de Parkinson, entre otros.

Los más comúnmente hallados en este estudio fueron los bloqueadores de la histamina, y entre ellos fue la ranitidina -muy frecuentemente utilizada en la úlcera gastroduodenal y como "protector" gástrico- el que apareció implicado con mayor frecuencia.

Este estudio ha demostrado además que el riesgo de que un paciente con Alzheimer esté tomando ambos tipos de medicación simultáneamente aumenta paralelamente al número de médicos que visitan regularmente al sujeto: a más médicos, mayor riesgo. Esto podría evitarse en parte si los familiares del paciente aportasen siempre toda la medicación que toma el enfermo cada vez que acuden a un médico, ya que los registros electrónicos no siempre están totalmente actualizados.

El ictus es generalmente peor en personas con demencia

Un estudio publicado en la revista Neurology indica que el ictus -también conocido como accidente vascular cerebral- es más severo en el paciente con demencia previa, y además suele evolucionar peor.

Los datos de este estudio muestran que los pacientes con demencia previa que sufren un ictus suelen tener una edad más avanzada, el ictus que sufren suele ser más grave, y entre ellos es más frecuente la presencia de fibrilación auricular, enfermedad cardíaca que contribuye a ensombrecer el pronóstico.

Además, los pacientes con ictus y demencia previa suelen tener más problemas para ser admitidos en las unidades de ictus de los hospitales, y a ser incluidos en protocolos de trombolisis -técnica que trata de disolver el coágulo que obstruye el riego sanguíneo cerebral en el ictus isquémico-.

Todo esto contribuye a que la discapacidad que sufre el paciente tras el ictus sea mayor en los que tenían demencia previa, y que tales sujetos tengan más difícil el poder volver a su lugar de residencia previo, fuese su domicilio o una institución carente de los cuidados ahora necesarios.

Esta asociación al ictus de una mayor discapacidad y una tasa más alta de institucionalización en los sujetos con demencia previa, condiciona un importante reto para los sistemas nacionales de salud.